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fotobenjaminnarbonaLa inmediatez de los últimos 12 años de la Asociación Española de Cirujanos dificulta llevar a cabo un análisis de su evolución en esta etapa actual. Hay, sin embargo, algunos hechos que merecen atención especial. El más significativo desde luego ha sido el crecimiento en el número de socios en la década de los años setenta. Con una frase muy gráfica, Carbonell ha distinguido dos momentos en la vida de la Asociación, uno de "pocos cirujanos para pocos enfermos quirúrgicos" propio del período fundacional, y otro de "muchos cirujanos para muchos enfermos quirúrgicos" que coincide con su despegue en las últimas décadas. La Sociedad ha crecido pasando de los 400 socios que tenia a mediados de los años cincuenta a 1.574 en 1992. Con ser elevada esta cifra, es preciso relacionarla con los 3.606 cirujanosgenerales que tiene censados el Consejo General de Colegios Médicos de España en el mismo año. La comparación de ambas cifras es muy elocuente si se desea conocer el grado de implantación de la Asociación entre los profesionales españoles. A pesar de contar con una trayectoria muy dilatada está claro que aún hay un número elevado de facultativos que permanecen al margen de la más importante corporación científica de su especialidad. No puede ignorarse para explicar este hecho que la tendencia asociativa de los profesionales españoles es baja y que muchos asisten esporádicamente a Reuniones y Congresos.

El aumento en el número de socios ha modificado profundamente las formas de gobierno de la Asociación. No es posible ya, ni sería socialmente aceptado, dirigir sus actividades con el personalismo con que tradicionalmente lo hicieron sus Juntas Directivas. En la transcripción mecanográfica de las cintas magnetofónicas que recogían las intervenciones de algunas de las Asambleas de la década de los setenta, conservadas en la secretaría de la Asociación, se justifica la condescendencia con algunas decisiones tomadas "por ser el presidente quien era". La participación de los socios en la Asociación ha exigido replantear el funcionamiento de la corporación desde cauces más atentos a los intereses de la mayoría. En tal sentido se han dirigido las modificaciones que han sufrido los estatutos de la Asociación en los últimos años. Así, con el fin de facilitar los contactos entre los asociados y cumplir más adecuadamente los fines que el artículo primero determina, desde 1982 los Congresos se celebran siempre en Madrid y, además, para evitar un indeseado localismo su presidente puede ser un profesional no residente en la ciudad. La medida ha pretendido dotar a la Asociación de un mayor automatismo en su funcionamiento que evite tensiones innecesarias entre grupos que aspiran a celebrar en sus localidades el Congreso como se había puesto de manifiesto en el pasado. Igualmente ha existido un automatismo notable en la sustitución de las Juntas Directivas y una mayor participación de las Asambleas. También desde 1993 se ha reanudado la tradición de las Reuniones de la Asociación en los años comprendidos entre cada congreso.

La centralización de los congresos en Madrid ha acentuado en ellos su carácter profesional con lo que ha disminuido el aparato social que acompañaba a estas reuniones. En los programas tradicionales no faltaba la presencia de una "Comisión de Damas" que se encargaba de esos aspectos más atentos a la convención social y que se consideraban fundamentales para determinar el éxito de un Congreso. Ya sólo son un recuerdo las Reuniones y Congresos inaugurados por las primeras autoridades civiles, militares y eclesiásticas e inexorablemente iniciados con una celebración religiosa. Todavía la crónica oficial de la III Reunión celebrada en Santiago de Compostela en 1965 aparecida en la revista informaba que los congresistas concluyeron las actividades "después de haber oído misa y comulgado la mayoría de ellos, con la bendición del cardenal Quiroga Palacios". Una relación que, en su brevedad, retrata toda una época.

La consolidación de la Asociación Española de Cirujanos se ha manifestado igualmente en una considerable mejoría de su situación financiera. Tradicionalmente sus fondos se nutrían de las cuotas de los socios mientras los gastos estaban en su mayor parte generados por el mantenimiento de la revista. Sólo con una administración muy cuidadosa era posible mantener la existencia de la corporación y en las sucesivas Asambleas los informes de la Junta Directiva llamaban la atención sobre este asunto. El reglamento de 1975 contenía varias disposiciones cautelares asamblea general extraordinaria convocada con ese fin, mayoría de los dos tercios de la totalidad de numerarios, en caso de mayoría sin quórum, refrendo por dos tercios de los cuatro quintos del total de miembros del Consejo Consultivo, para dificultar la disolución de la Sociedad en un momento en que había una grave preocupación sobre su futuro. En la última década la situación ha cambiado notablemente y la Asociación goza de una economía muy saneada. Este hecho ha contribuido a su consolidación y de ahí que las disposiciones sobre la disolución de la Sociedad tengan hoy en el reglamento muy poca importancia. No parece imaginable en un futuro inmediato que pueda producirse una crisis que motive la desaparición de la Asociación.

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