
En
1984, durante la
Asamblea de
la Asociación Española de Cirujanos celebrada
con motivo de su
XV Congreso, se expresó
por parte de los asistentes el deseo de conocer los
antecedentes históricos de la sociedad. "Hay que partir
se decía de una ausencia de datos previos. Hay que escribir
de nuevo la
historia de la Asociación,
para lo que se solicita el concurso de todos". Esta
carencia de fuentes documentales hacía difícil cumplir
esa aspiración de los socios, tanto más comprensible
por cuanto a partir de
1980 se había
producido un cambio generacional que había apartado
de la dirección de la corporación a los miembros más
cercanos al momento de la fundación.
En
1988 la Asociación convocó un premio
para realizar un trabajo sobre su historia al que no
se presentó ningún candidato. El anuncio solicitaba
al autor que especificase la metodología y fuentes de
información empleados ya que los convocantes eran conscientes
de la precariedad de noticias con que se toparía cualquiera
que pretendiese investigar sobre la Asociación. Una
breve reflexión sobre el pasado de la sociedad exige,
pues, comenzar la exposición por esta cuestión que explica
las limitaciones que el investigador encuentra. La primera
sorpresa surge al constatar que no hay libros de actas
de
1949 a 1968 y que a partir de esa
fecha, en los dos volúmenes que recogen las asambleas
y reuniones mantenidas se aprecian lagunas significativas.
Sólo desde
1992 pueden seguirse, en
rigor, las actividades de la Asociación a través de
estos libros. La documentación conservada en la sede
de la Sociedad se completa con seis carpetas que reúnen
muy diversos escritos y documentos (
recibos,
informes jurídicos o correspondencia), recogidos
sin ningún orden. Para el periodo fundacional anterior
a la Guerra Civil las ausencias son aún más lamentables.
La documentación interna, en el caso de que existiese
alguna vez, no se conserva y la oficial únicamente se
relaciona con la presentación ante la autoridad gubernativa
de los reglamentos. Es preciso, en consecuencia, acudir
a la prensa médica para detectar algunas de las actividades
iniciales de la Asociación en ese primer momento. De
este modo y a través fundamentalmente de
Gaceta
Médica Española, El Siglo Médico y La Medicina Íbera
pueden conocerse alguna de las primeras iniciativas
llevadas a cabo tanto por la Asociación como por su
antecedente más inmediato, la
Sociedad de Cirugía
de Madrid.
El desconocimiento sobre los propios orígenes ha generado
algunos errores que confunden muchas veces a quien desee
conocer la historia de la Asociación. Así, desde
1984
en los membretes aparece
1934 como
el año de su fundación debido a un error en el diseño
del emblema; otra equivocación que se mantuvo algún
tiempo en la portada de la revista reseñaba como año
inicial de la publicación
1946. Tampoco
sus directivos fueron ajenos a algunas imprecisiones
que contribuyen al equívoco, así
Gómez Durán
estimaba en más de
600 el número de socios en
1959 cuando apenas si alcanzaba los
500.
De igual manera, una relación de presidentes elaborada
por la secretaría de la Asociación de finales de los
setenta desconoce a alguno de la década anterior.
Una fuente de primer orden para el conocimiento de la
vida de la Asociación es su revista oficial que con
los títulos de
Cirugía, Ginecología y Urología
primero y
CIRUGÍA ESPAÑOLA después
ha reseñado sus congresos y reuniones y ha informado
de los acuerdos de sus Asambleas. La ausencia de libros
de actas hace todavía más preciosa esta información,
pero con desesperante frecuencia la revista deja de
cumplir estos cometidos y en consecuencia el investigador
se encuentra con vacíos que debe cubrir con otro tipo
de fuentes. Así, por ejemplo, sólo se ofrece información
de estos asuntos internos (directiva, reglamentos, movimiento
de socios, economía o relaciones con otras sociedades
similares) hasta
1978. A partir de
esa fecha
CIRUGÍA ESPAÑOLA deja de
informar sobre las Asambleas y las noticias sobre la
vida asociativa se restringen al anuncio de sus reuniones,
congresos o convocatorias de premios.
Como en ocasiones lamentablemente la revista no reseña
acontecimientos relevantes de la Asociación es preciso
recurrir a otras fuentes para informarse de sucesos
significativos en su trayectoria.
El III Congreso
celebrado por la Asociación en Granada apenas si deja
en
Cirugía, Ginecología y Urología
otra huella que la publicación de algunas ponencias
mientras es la prensa granadina, de información general
o médica, la que más pormenorizadamente informa del
Congreso y de la Asamblea preceptiva. Algo similar sucede
con el recuerdo dedicado a algunos de sus miembros más
destacados. Se leen, sí, semblanzas necrológicas más
o menos exactas (
Rementería, Goyanes, Martín
Lagos, los Rodríguez Mata, Piulachs, Vara, Cuadrado)
dedicadas a algunos de sus fundadores y socios más activos,
pero se advierten ausencias destacadas (
Estella,
De la Peña, Gómez Durán, Cortés Lladó) que
podrían añadir alguna información sobre su propio pasado.
Además, resulta difícil el examen de la publicación
que se halla incompleta en la mayoría de los centros
públicos accesibles. Ni siquiera la Asociación en su
propia sede puede ofrecer, para los últimos años, la
completa consulta de sus números. Además, la desgraciada
costumbre de muchas bibliotecas de suprimir las páginas
de noticias y anuncios en las revistas que se encuadernan
priva al investigador de una fuente de primer orden
que ha de obtener donde le permite su buena fortuna.
La información oral que hoy puede obtenerse, una vez
contrastada y analizada, es muy útil para conocer aspectos
de la vida interna de la Asociación que no aparecen
recogidos en las actas y memorias. Los testimonios personales
añaden precisiones y explican sucesos que de otra manera
se entienden difícilmente pero, sin embargo, esas fuentes
orales resultan muy imprecisas cuando se pretende contrastar
hechos que exigen una concreción cronológica exacta.
El inexorable paso del tiempo ha hecho desaparecer no
sólo a la generación de los fundadores de la Asociación
antes de la Guerra Civil sino también a gran parte de
sus refundadores en
1949.
La Asociación hasta tiempos muy recientes ha carecido
de una mínima estructura administrativa y se ha regido
por el voluntarismo entusiasta de unos pocos; se ha
mantenido así una notable dependencia de algunas personas
sobre cuyo dinamismo reposaba en gran parte la marcha
de la sociedad. Las figuras de sus primeros secretarios
generales (
Rementería, Gómez-Durán, Fernández
Zúmel) han sido en este sentido decisivas y
algo similar debe decirse de algún otro socio como
Rodríguez-Mata,
que fue refrendado como secretario de redacción de
Cirugía,
Ginecología y Urología a la muerte de su padre
y que se ocupó de funciones administrativas muy diversas
hasta su fallecimiento en
1981. Con
la buena voluntad de algunas personas se ha suplido
una carencia de medios que ha impedido a la Asociación
cumplir con una de las exigencias que sus reglamentos
han adjudicado a su secretario general:
"vigilar
el uso y conservación del archivo". Tampoco
los domicilios con que ha contado la sociedad hasta
1979 han permitido dotarla de unos
medios indispensables para su autonomía y para la ordenación
y catalogación de sus fondos y archivos.
Inevitablemente esta historia de la
Asociación
Española de Cirujanos ha de tener en muchas
de sus páginas un evidente aire de crónica, de relación
temporal de sucesos. Es preciso establecer una mínima
cronología de hechos, sobre todo cuando la dispersión
de la información, las confusiones y la carencia de
unos fondos documentales propios exigen llevar a

cabo esta tarea muchas veces ingrata. Hasta tiempos
muy recientes la Asociación no ha sido otra cosa que
sus
Congresos y Reuniones, pues la
actividad real de la Sociedad que llegaba a los socios
se limitaba a ese momento. Por ello se hace necesario
dedicar a estas reuniones científicas un interés especial.
El autor ha sido consciente de que la inclusión en el
texto de mucha información obtenida distraería la atención
del lector de aspectos que ha considerado más sustanciales.
Pero ha comprendido también que para la propia Asociación
había noticias que se consideraban de interés y en los
anexos finales ha ordenado esa información más puntual.
Uno de los valores que el estudio de la propia historia
confiere al profesional médico, afirmaba hace ya varios
años
Laín Entralgo, es el de dar dignidad
intelectual al propio oficio. Hay toda una tradición
histórica que ha buscado en el estudio del pasado un
medio para reafirmar, desde los orígenes, la más alta
consideración ética que merece la actividad diaria.
No ha sido ajeno a ese sentimiento el deseo de los cirujanos
por conocer una parte de su propio pasado. La significación
de la Asociación hace que sus vicisitudes hayan tenido
una indudable repercusión en la historia de la cirugía
española. La
Asociación Española de Cirujanos
ha vivido en su seno las tensiones que el ejercicio
profesional ha comportado en España durante más de medio
siglo, desde la implantación del seguro de enfermedad
al auge y desarrollo de las especialidades quirúrgicas.
Ha sido también el campo donde han contendido los distintos
grupos y personalidades que en cada momento han aspirado
a dirigir el desarrollo de la especialidad. Desde
1953
ha contado con un vehículo de expresión propio que constituye
sin duda el más tangible exponente de lo que la organización
ha hecho. A través de sus Congresos se detectan las
preocupaciones que más han inquietado a estos profesionales,
tanto en un ámbito exclusivamente científico como en
la órbita más relacionada con el ejercicio diario. Esta
contribución a la historia de la Asociación es similar
a la que otras sociedades internacionales análogas han
generado desde hace varios años. La incorporación, por
tanto, del estudio de sus avatares a la historiografía
medica no es más que una manifestación de su madurez
y plena constitución como
sociedad profesional.
Los años oscuros
El antecedente más inmediato de la
Asociación
Española de Cirujanos lo constituyó la fundación
en junio de
1931 de la
Sociedad
de Cirugía de Madrid. Su creación se debió
al interés de algunos cirujanos en agruparse a la manera
que sus colegas venían haciendo desde el siglo pasado
en otros países de Europa. Su primera directiva la formaban
Goyanes Capdevila, Gómez Ulla, Sánchez Covisa,
Díaz Gómez, Die Mas, Cardenal Pujals, Olivares Sexmilo
y Blanc Fortacín. En un primer momento se pretendió
crear Sociedades semejantes en otros lugares de España,
y ejemplo de ello fue la que el catedrático
Francisco
Martín Lagos fundó en abril de
1935
en Valencia donde en aquellos años ejercía
la docencia o la que el también catedrático de cirugía
Antonio Cortés Lladó intentó constituir
unos meses después en
Sevilla. Existía
antes de la creación de la
asociación madrileña
una
Sociedad de Cirugía en Barcelona
con una vida bastante activa pero circunscrita al área
lingüística catalana.
La
Sociedad de Cirugía de Madrid anunciaba
a concurso de meritos, en octubre de
1932,
14 plazas de socios de número a cubrir
por cirujanos españoles. No había, pues, ningún auto-matismo
en la declaración de socios numerarios ya que los solicitantes
debían someterse a una votación secreta entre los miembros
y obtener la mitad más uno de los votos para ser proclamados.
En realidad, la Sociedad se había constituido con un
carácter muy similar al de algunas Academias (
en
algunas publicaciones coetáneas aparecen los anuncios
a ella referidos como Academia de Cirugía de Madrid)
y se comprende que muchos profesionales la viesen como
aristocrática y clasista.
Este carácter restringido dio motivo a que muy pronto
surgiese lo que
Bastos Ansart en sus
memorias llama
"un clamoreo de protestas"
que venían de cuantos no habían sido invitados a participar
en la nueva fundación. El mismo
Bastos
comenta, como testimonio de la preocupación de sus primeros
socios por darle un aire minoritario y selecto, el hecho
de que sus miembros celebraban sus reuniones preparatorias
en el curso de una cena en el
restaurante Lhardy.
Pero la República había creado un clima de mayor sensibilidad
igualitaria y fue necesario dar cabida en la naciente
Sociedad a cirujanos con ejercicio en otras localidades
lo que puso muy de manifiesto las limitaciones de una
entidad creada con criterios estrictamente locales.
La celebración en
Madrid en marzo de
1932 del
IX Congreso de la
Sociedad International de Cirugía permitió
una intervención destacada de algunos cirujanos españoles
(
Goyanes, Corachán, Gómez Ulla, Bastos, González
Duarte, Trias Pujol, García Tornel, Die y Mas)
que tendrían luego mucho que ver con el desarrollo de
la
Asociación Española de Cirujanos.
Desde ese año la
Sociedad de Cirugía de Madrid
mantuvo un número significativo de reuniones científicas
de las que informó la prensa médica y fue ampliando
el número de sus miembros. En julio de
1935
se presentó oficialmente en la
Dirección General
de Seguridad y de conformidad con lo que establecía
la
Ley de Asociaciones el Reglamento y Estatutos
de la Asociación Española de Cirujanos.
Los
Estatutos llevaban la firma del
presidente de su comité organizador
José Goyanes
Capdevila y a lo largo de los
23 artículos
que lo constituían definía sus intenciones. La
Asociación
Española de Cirujanos se constituía para
"estrechar
los lazos de confraternidad personal entre los mismos,
velar por el auge de sus intereses morales y materiales,
propugnar el avance científico y prestigio social de
la profesión quirúrgica y celebrar reuniones anuales
de Cirugía, contribuyendo a la labor mundial en pro
de esta rama de la Medicina". Con este fin se constituía
un "comité organizador" con sede en
Madrid
y que presidía
Goyanes con
José
María Rementería Aberasturi como secretario.
Con el fin de conseguir el ingreso en la asociación
de cirujanos de otras regiones, el comité permanente
nombraba delegados que representarían a la Sociedad
"en cada región autónoma o universitaria de
España". Esta división territorial en distritos
universitarios o
"rectorados" se mantendría
hasta el final de los años cincuenta. Socios numerarios
de la Asociación serían los pertenecientes a las
Sociedades
de Cirugía ya constituidas de
Madrid,
Barcelona y Valencia. La Asociación perdía
el carácter minoritario que poseía la Sociedad y admitía
como socios a aquellos cirujanos que acreditasen 5 años
de actividad médica, de ellos al menos tres en un hospital
o clínica de garantía reconocida y haber publicado algún
trabajo sobre la especialidad quirúrgica. En consonancia
con los principios expuestos en su artículo primero,
el Reglamento consideraba como actividad especifica
de la Asociación la organización de reuniones anuales
a celebrar el mes de abril.
Es evidente que en este primer momento los organizadores
estaban indecisos con respecto al carácter real de la
Asociación, de tal manera que en algunos de sus artículos
se refieren a la misma denominándola
"la Sociedad"
como si el recuerdo de la fundada en
Madrid
determinase las funciones de la corporación que se pretendía
constituir. En la tradición de muchos de los miembros
1935 permanece como el año fundacional
de la Asociación Española de Cirujanos. Junio de 1935
fue para su secretario general
Manuel Gómez
Durán el momento en que se creó la Asociación
y en tal sentido se expresó reiteradamente en momentos
especialmente solemnes como las clausuras de los
Congresos
VI y VII o la sesión necrológica que a
Martín
Lagos, uno de los fundadores de la primera
hora, le dedicó en la
Real Academia de Medicina
de Madrid. La cronología, sin embargo, no es
concluyente en este asunto, pues es diferente la presentación
legal de unos estatutos a la constitución plena de una
sociedad. Por ello es legítimo el criterio de
Pera
Jiménez en su biografía de
Cortés Lladó
cuando considera
1936 el año fundacional
de la Asociación". El antecedente habría sido la visita
que durante los días
29 y 30 de noviembre de
1935 hicieron a
Sevilla un
grupo de cirujanos de la
Sociedad de Cirugía
de Madrid con el propósito de conocer las instalaciones
hospitalarias sevillanas y asistir a intervenciones
practicadas por cirujanos locales.
Otro propósito según
Pera habría sido
el de constituir en
Sevilla una Sociedad
de Cirugía. Este proyecto no se llevó a cabo pero de
la reunión habría salido el impulso para la constitución
de la
Asociación Española de Cirujanos.
En la prensa sevillana que daba noticia de la reunión
se informaba de la llegada de cirujanos de la
Sociedad
de Cirugía de Madrid, pero no se hacia mención
de la Asociación. En efecto, en marzo de
1936
tenía lugar en
Madrid una reunión de
cirujanos de toda
España que bajo la
presidencia de
Goyanes y la secretaría
de
Rementería acordaban poner en marcha
los propósitos de la Asociación. Los asistentes a esta
reunión dejaron su imagen en una fotografía histórica
que puede considerarse como la presentación pública
de la
Asociación Española de Cirujanos
y que reprodujo la prensa médica. Se trataba de hombres
que tendrían luego relevancia en la vida de la Asociación
cuya presidencia algunos ocuparían. A la reunión acudieron,
según la prensa de la época,
Herrero de Teresa,
Blanc Fortacín, Remeteria Aberasturi y Goyanes Capdevila
(Madrid), Corachán (Barcelona), Guzmán Ruiz y Morales
Aparicio (Valladolid), Pérez Serrano y Forés Pomar (Zaragoza),
Saldaña Larrainzar (Bilbao), Pulgar Ruiz (Granada),
González Aguilar (Santander), Pérez Argote (Vitoria),
Cortés Lladó (Sevilla), García Díaz (Oviedo), Martín
Santos y Ayestarán Otamendi (San Sebastián), Sierra
Fornés (La Coruña) y Díez Rodríguez (Salamanca).
"Estos son los fundadores de la Asociación Española
de Cirujanos" concluye rotundamente Pera al
identificar a los asistentes a esta reunión madrileña
aun cuando no todos los citados aparecen en la citada
fotografía.
Conocemos por la prensa la composición del primer Comité
permanente de la Asociación constituido además del presidente
y secretario citados por
Olivares, Corachán
y Martín Lagos como vicepresidentes (en su
calidad de presidentes de las Sociedades de
Madrid,
Cataluña y Valencia),
Blanc Fortacín
tesorero,
Víctor Manuel Nogueras contador
y
Herrero de Teresa vicesecretario.
La composición de la primera Junta Directiva era bastante
equilibrada en cuanto a la procedencia geográfica de
sus miembros entre los que sólo se encontraban cuatro
catedráticos, dos de ellos presidentes de otras tantas
sociedades regionales (
Olivares y Martín Lagos)
y dos a título particular (
Cortés Lladó y Morales
Aparicio). La prensa de la época no se refirió
a la constitución de la Asociación por la sencilla razón
de que jurídicamente estaba ya formada, pero sí comentó
la decisión tomada en esta reunión de celebrar en
Valencia
en la última decena de octubre de
1936
el
Primer Congreso Nacional de Cirugía.
Las ponencias a discutir habrían de ser tres:
"Narcosis
endovascular", "Complicaciones pulmonares postoperatorias"
y "Organización en España de la asistencia a los traumatizados".
Se cumplía así lo establecido en los
Estatutos
de 1935 según cuyo
artículo 19
se habían de designar dos temas o ponencias científicas
y una de carácter profesional. La significación de marzo
de
1936 permaneció también en la memoria
de la Asociación como lo atestigua el escudo que aparece
en los Reglamentos publicados en
1956
donde bajo el Esculapio de su emblema aparece escrito
"Fundada en 1936".