
La
Guerra Civil suspendió bruscamente todas las expectativas
del primer momento y, por supuesto, la pretensión de
celebrar un congreso en octubre de
1936.
En el ámbito académico apenas se produjeron modificaciones
entre los catedráticos de patología quirúrgica y de
terapéutica quirúrgica pues las depuraciones con separación
definitiva del servicio que la contienda trajo como
consecuencia afectaron únicamente a los hermanos
Antonio
y Joaquín Trias Pujol en Barcelona, que se
exiliaron en Colombia. Muy al contrario, entre los cirujanos
de la universidad se encontraban hombres de una ideología
política afín a los nacionalistas por lo que vieron
pronto reconocida su situación con su integración al
servicio sin imposición de sanción alguna (
Estella
Bermúdez de Castro, Martín Lagos, Agredes).
En general puede afirmarse que su suerte ante la Guerra
Civil fue similar a la que se advierte en otros médicos
de orientación fundamentalmente clínica, que bien por
encuadrarse en una mentalidad burguesa o bien como consecuencia
del prestigio de su actividad sanitaria gozaron de una
protección social que no alcanzó a otros colegas sin
dedicación inmediata al enfermo.
Entre los cirujanos dedicados al ejercicio libre de
la profesión hubo en cambio quienes sufrieron las consecuencias
de los procesos de responsabilidades que se siguieron
al fin de la guerra. Las circunstancias geográficas,
más que la afinidad política, hicieron que muchos profesionales
se viesen inmersos en una dinámica que en buena medida
estaba alejada de sus más íntimas convicciones. Sin
embargo, concluido el enfrentamiento los vencedores
impusieron a los vencidos sus condiciones del mismo
modo que quienes les habían acompañado en el triunfo
pudieron también beneficiarse de los laureles obtenidos.
Así,
Bastos Ansart o Corachán García
abren una lista de nombres que se puede continuar con
los de
d'Harcourt Got o Trueta Raspall
como más evidentes víctimas de las consecuencias que
la contienda trajo para la cirugía española. Algunos
de ellos, como los dos citados en primer lugar, tuvieron
un papel decisivo en la creación de la
Asociación
Española de Cirugía y, por tanto, no puede
sorprender que la naciente Sociedad sufriese en este
temprano momento las consecuencias de la nueva situación.
De inmediato las actividades de la naciente Asociación
quedaron suspendidas. La penuria de la posguerra no
facilitaba los contactos o la organización de actividades
con un mínimo de calidad y las filas del grupo inicial
se vieron en la década de los cuarenta muy mermadas,
así de los ocho ponentes encargados del Congreso nonato
de Valencia, tres habían fallecido (
Corachán
en 1942, Olivares en 1944 y Gómez Ulla en 1945)
y un cuarto (
J. Trias Pujol) estaba
en el exilio. Por ello transcurrieron 14 años hasta
que la Asociación pudo reanudar su andadura. En efecto,
los días
12, 13 y 14 de mayo de 1949 se
convocaba una reunión de intercambio científico en
Madrid
con el fin de
"estrechar los lazos de amistad
personal con nuestros colegas nacionales o extranjeros
y estudiar sus organizaciones y técnicas quirúrgicas".
La convocatoria la firmaban Goyanes como presidente
del comité permanente y el secretario general
Rementería.
Se pretendía que en el futuro estas reuniones tuviesen
una periodicidad anual en diferentes ciudades dejando
a la responsabilidad de los organizadores la realización
del programa científico (
conferencias, operaciones,
demostraciones) mientras los cirujanos foráneos
se limitarían a desempeñar el papel de espectadores.
Entre los temas de esta primera reunión se incluía el
estudio y desarrollo de las sesiones del
I Congreso
Nacional de Cirugía que se anunciaba en
Barcelona
para el mes de octubre. El programa definitivo de actos
de este primer Congreso contenía una referencia explícita
a la situación precedente y al papel que la Asociación
podría desempeñar en el futuro:
La Asociación
Española de Cirujanos, con el ánimo de reactivar
y superar sus actividades, interrumpidas desde nuestra
Cruzada de Liberación, ha creído conveniente disponer
la celebración del
Primer Congreso Nacional
de Cirugía (...) La finalidad del Congreso
es la de una reunión cordial y amistosa de todos los
congresistas, a fin de exponer mutuamente los progresos
técnicos y de experimentación que ha sufrido esta rama
de la Medicina en todas sus especialidades en los últimos
años.
Era evidente, pues, que tras el paréntesis de la guerra
y restañadas las heridas sociales que el conflicto había
producido convenía reanudar la andadura. En las memorias
que en
1969 publicó
Manuel
Bastos hay una referencia expresa a la nueva
situación generada en torno a la antigua Asociación
en estos años de restauración
"por quienes últimamente
utilizaron su nombre pero sin respetar su espíritu".
Hubo, así, una clara intención de apropiarse del proyecto,
pues poco más que eso fue la inicial Asociación, y sobre
cauces nuevos determinados por la nueva situación política
y social de la especialidad, conducir el desarrollo
de la Sociedad. Más explícito resultó
Goyanes
en su discurso de despedida presidencial, en
1949,
cuando al elogiar la labor de
Rementeria
como secretario de la Asociación se refería al riesgo
de
"aborto y disolución colectiva"
que padeció la sociedad inmediatamente después de la
Guerra Civil por existir una
"tendencia disolvente
individual y de grupo regional que amenazaba con la
perdida de lo conseguido".
Rementería
había conseguido
"halagando a unos, reprimiendo
las excesivas aspiraciones de otros" mantener
viva la imagen de la Asociación y sacar adelante su
continuidad tras el drama de la guerra y la inmediata
posguerra.

El primer Congreso constituyó una real y verdadera refundación
de la
Asociación Española de Cirujanos.
Habían transcurrido casi tres lustros desde la fundación
original y la censura de la Guerra Civil y el inevitable
efecto del tiempo habían traído nuevas generaciones
a la especialidad. Muy consciente de ello fue
Gómez
Durán, secretario general durante muchos años,
quien consideraba que en realidad la Asociación había
echado a andar después del congreso de
1949
o
Cuadrado Cabezón, presidente de
1976
a 1980, quien en
1978 recordaba
como momento fundacional la reunión celebrada por convocatoria
de
Goyanes y Rementería en mayo de
1949. El Congreso lo presidía el cirujano
catalán
Juan Puig Sureda con
García
Tornel como vicepresidente y
Pedro
Piulachs Oliva como secretario general. La
inauguración contó con la presencia del Director General
de Sanidad José Alberto Palanca y la presencia de las
primeras autoridades de la ciudad. Unos
500
congresistas acudieron a este congreso (aunque
Rementería tenía registrados en la
Secretaría sólo
360 socios) cuyo papel
fue decisivo para el futuro de la Asociación. Entre
los asistentes se encontraban algunos de los primeros
iniciadores de la Sociedad como
Goyanes Capdevila,
Morales Aparicio, Martín Lagos o Cortés Lladó.
La representación extranjera fue muy escasa dada la
situación de aislamiento internacional (en
1946
se había abierto de nuevo la frontera francesa) y estaba
constituida por algunos cirujanos franceses del Midi.
La prensa destacaba especialmente la presencia del
Dr.
Hellner de la Universidad de Gotinga
"primer
científico alemán que asiste a un congreso español después
de la guerra". Una de las ponencias
"El
cirujano ante el Seguro de Enfermedad" pretendía
que los asistentes debatiesen una cuestión muy en primer
plano en aquellas fechas cuando la implantación del
Seguro de Enfermedad desde
1944 iniciaba
una reforma decisiva en la profesión Del Congreso saldría
una nueva junta directiva de la Sociedad constituida
por
Juan Puig Sureda como presidente,
tres vicepresidentes
Víctor Manuel Nogueras,
Pedro Piulachs y Antonio Cortés Lladó, como
secretario general se mantenía quien lo había sido antes
de la
Guerra Civil José María Rementería Aberasturi.
Se acordó igualmente que el próximo Congreso se celebraría
en Madrid bajo la presidencia del catedrático
Francisco
Martín Lagos y se ocuparía de la secretaría
del mismo
Carlos González Bueno.
Goyanes
Capdevila, que había sido la figura más importante
de la cirugía española hasta la Guerra Civil, se apartaba
de la Asociación; la edad (había nacido en
1876),
su creciente dedicación a las humanidades y un claro
desentendimiento con la fuerte personalidad de
Martín
Lagos motivaron este alejamiento. A su muerte
en
1964 una interesante revisión histórica
de sus trabajos más originales sería el homenaje indirecto
de la Asociación a su primer impulsor.
En octubre de
1951 se celebró en Madrid
el
II Congreso Nacional de Cirugía.
El acto inaugural contó con la presencia de la plana
mayor de la sanidad española que daba así, desde la
capital de la nación, el espaldarazo de las autoridades
a la Asociación. Los gastos de organización del Congreso
fueron subvencionados por los ministerios de Gobernación,
Educación y Trabajo, lo que permitió editar con esmero
las ponencias. No fue ajena a la obtención de estas
ayudas la gestión de algunos miembros del comité organizador
como su vicepresidente,
Alfonso de la Fuente
Chaos, su contador Cristóbal Martínez Bordiú,
marqués de Villaverde, o el propio secretario
González
Bueno todos ellos muy vinculados a los centros
de poder político del Estado. Bajo la presidencia del
ministro de Gobernación asistieron los directores generales
de Sanidad y Previsión, el presidente del Consejo General
de Colegios Médicos, el rector de la Universidad de
Madrid y el director del Instituto de Medicina e Higiene
del Trabajo. Los act os transcurrieron con el tono habitualmente
patriótico que por aquellos años se daba a este tipo
de actividades, las crónicas advertían que las deliberaciones,
que ocupaban mañana y tarde durante 10 horas, sólo se
interrumpieron una tarde para que los congresistas,
como homenaje a los muertos durante la pasada guerra,
visitasen el todavía inacabado Valle de los Caídos".
En su nueva andadura la Asociación de Cirujanos percibió
inmediatamente la necesidad de dotarse de un órgano
de difusión propio. Para ello, el secretario general
Gómez Durán dirigió en los primeros meses de
1952
una circular a los socios anunciándoles la próxima aparición
de una revista titulada Cirugía, y solicitando las primeras
suscripciones. El panorama de las publicaciones quirúrgicas
españolas y la propia composición de la Asociación llevaron
muy pronto a una solución de este problema. En efecto,
desde julio de
1950 se publicaba en
Madrid la revista
Cirugía, Ginecología y Urología
bajo la dirección conjunta de
L. Estella, J.
García Orcoyen, C. González Bueno, F. Martín Lagos y
A. de la Peña. Su primer número reproducía
un
"Editorial" en el que se informaba
de los propósitos de la publicación surgida para
"cumplir
un cometido científico y de difusión de técnicas, resumen,
lo más amplio posible de la actividad quirúrgica española";
así mismo, se advertía que la revista no representaba
la obra de nadie ni a ningún servicio hospitalario concreto
y por ello "si en cualquier momento no nos encontrásemos
en condiciones de continuarla, sería un nuevo equipo
el llamado a asegurar su perdurabilidad"". El
"Editorial"
se refería también a los antecedentes más inmediatos
de la publicación de los que en alguna medida se consideraba
continuación: la
Revista Española de Cirugía
que había dirigido el catedrático de Madrid
José
Estella Bermúdez de Castro desde
1944
y la
Revista Española de Cirugía, Traumatología
y Ortopedia que había fundado el mismo año
en
Valencia Martín Lagos
y que dejó de publicarse para
"unirse a la obra
conjunta". Con motivo de la recepción de la
circular citada
Alfonso de la Peña
dirigió una carta a
Gómez Durán en
la que le señalaba los inconvenientes que se seguirían
de la aparición de una segunda revista quirúrgica en
un medio tan precario como el español, por ello le ofrecía
en nombre de los otros coeditores la posibilidad de
integrar la nueva revista en la antigua y de este modo
evitar la previsible desaparición de ambas en un corto
plazo. Era un ofrecimiento que beneficiaba a ambas partes
pues la revista tenía acumulado en
1952
un déficit de 70.000 pesetas y la Asociación, en la
documentación interna de su

secretario
general, reconocía que no tenía un volumen suficiente
de socios como para con su concurso sostener una publicación
periódica. Las conversaciones entre las partes llevaron
a un acuerdo por el que los editores cedían la publicación
y administración de la revista (
pero se reservaban
la propiedad de la cabecera) y la Asociación
nombraba al redactor jefe y al secretario de la revista;
además en el Consejo editorial, con los antiguos editores,
la Asociación designaría los miembros que estimase oportunos.
Al fin, el número de enero de
1953
se abría con un breve
"Editorial"
firmado por
Juan Puig Sureda, presidente
de la asociación, en que informaba que a partir de ese
momento
Cirugía, Ginecología y Urología
se convertía en portavoz de la
Asociación Española
de Cirujanos.
No fueron fáciles las gestiones para alcanzar este acuerdo
que, re otras consecuencias inmediatas, trajo la introducción
en el consejo de redacción de los doctores
Gómez-Durán,
González Duarte, De la Fuente Chaos, Moraza, Nogueras,
Piulachs, Puig Sureda y Vara López. Mayor repercusión
en el funcionamiento de la revista tendría el nombramiento
como redactor jefe del también cirujano
Tomás
Rodríguez Mata en cuyo domicilio la revista
y la Asociación tuvieron hasta
1977
su sede. Algunos de los antiguos suscriptores expresaron
su disgusto por la nueva situación creada (
que
motivó la aparición bajo el título del rótulo "Segunda
Época") por lo que los primitivos editores
de la revista se vieron obligados a dar una explicación
pública de estas modificaciones. Justificaban los cambios
introducidos en función de su deseo de evitar la fragmentación
y la multiplicidad de publicaciones quirúrgicas y en
su pretensión de mantenerse como
"representación
ante los colegas españoles y los cirujanos extranjeros
del tra bajo nacional de esta disciplina".
Por ello al conocer la intención de crear una nueva
publicación decidieron ofrecer la suya a los directivos
de la Asociación. Afirmaban además que los cambios producidos
no suponían alteración alguna en los propósitos iniciales
puesto que se conservaba la independencia de la revista,
"in
cuanto al equipo responsable de la edición, se mantenía
y únicamente era ampliado como consecuencia de la necesidad
de dar cabida a los responsables de la Asociación".
Desde
1953, pues, la Asociación Española
de Cirujanos contó con una revista propia para la difusión
de sus actividades y la publicación de las investigaciones
de sus socios. Frente a la tradición anterior de las
revistas de cirugía que no se ocupaban de otra cosa
que de reproducir investigaciones originales o referatas
de otras publicaciones la
Revista Española de
Cirugía ni siquiera abrió su primer número
con una declaración de propósitos o una breve autopresentación
-
Cirugía, Ginecología y Urología mantuvo
una sección de noticias informando de congresos y reuniones
y dedicó un espacio amplio en cada número a comentar
bibliografía internacional.
El
III Congreso tuvo lugar en
Granada
del 23 al 27 de septiembre de 1953. Era una
aspiración que ya en Barcelona, durante el primer Congreso,
había expresado quien había de ser su presidente, el
catedrático de cirugía
Enrique Hernández López.
La pretensión se había condicionado a la finalización
del
Hospital Clínico de San Cecilio
(que fue inaugurado el 19 de marzo de ese año) y de
la
Facultad de Medicina. El titular
de la otra cátedra de cirugía
Juan Sánchez Cózar
ocupó la vicepresidencia del Congreso y
Juan
Pulgar Ruiz se encargó de la secretaría general
del Congreso que se celebró simultáneamente con la
I
Reunión Española de Anestesiología. Las ponencias
se publicaron a lo largo de
1954 en
distintos números de Cirugía, Ginecología y Urología
que, de esta manera, se incorporaba definitivamente
como órgano difusor de las actividades de la Asociación.
Los actos transcurrieron con la habitual brillantez
de otras ocasiones y se hicieron coincidir con la inauguración
de la residencia del Seguro Obligatorio de Enfermedad.
La prensa local dedicaba una atención especial a la
asistencia al congreso del marqués de Villaverde quien
presidió una ponencia libre especial dedicada a
"Cirugía
intratorácica", también en Granada como en
Madrid se destacó especialmente la colaboración económica
de varios ministerios. En la Asamblea de la Asociación
de Cirujanos fue elegido presidente
Antonio
Cortés Lladó, uno de los fundadores de la sociedad
y catedrático en la Universidad de Sevilla.

Manteniendo
la periodicidad tradicional de celebración de los Congresos
cada 2 años, los días
27 y 30 de septiembre
de 1955 tenía lugar en Zaragoza el
IV
Congreso Nacional de Cirugía. El Congreso de
Zaragoza tuvo un programa de actos muy similar al que
por aquellos años reproducían reuniones análogas y destaca
por la muy expresa defensa de los valores tradicionales
como conformadores de la conducta del cirujano que allí
se expusieron. El secretario de la Asociación Española
de Cirujanos,
Gómez Durán, en el discurso
de clausura se refirió ampliamente a la formación moral
del cirujano y expresó su confianza, según la reseña
de su discurso que reproducía la revista, en que
"las
reservas espirituales de nuestro país y la profunda
formación religiosa de nuestras conciencias constituyan
la mejor protección contra las posibles desviaciones".
Las tensiones que enfrentaban a los cirujanos no dejaron
tampoco de ser recordadas en el discurso del secretario
general de la Asociación quien propugnó una mayor integración
entre las diferentes especialidades, asunto tanto más
acuciante por cuanto acababa de publicarse el Decreto
sobre Especialidades Quirúrgicas (
20 de junio
de 1955).
Gómez Durán alentó
igualmente a los asistentes a potenciar la Asociación
favoreciendo la integración en ella de más cirujanos
a imitación de lo realizado por entidades análogas del
extranjero con una tradición secular. La Junta Directiva
de la Asociación fue también renovada resultando reelegido
como secretario general
Gómez Durán.
La Asamblea General de la Asociación que tuvo lugar
con motivo del Congreso modificó también algunos artículos
del Reglamento funcional de la Asociación. Más trascendencia
tuvo en cambio la decisión de retrasar a 4 años el período
comprendido entre cada Congreso y el acuerdo de celebrar
cada dos una reunión para que entre los socios no se
mantuviese una separación muy prolongada. La preocupación
por impulsar las actividades de la Asociación llevó
también a instituir el primer
Premio Nacional
de Cirugía de la Asociación Española de Cirujanos
en reconocimiento al
"mejor trabajo experimental,
de investigación clínica, de técnica operatoria o de
una cuestión o problema de índole quirúrgico o materias
afines a la Cirugía". La dotación era de 25.000
pesetas y se acordaba que se entregaría en la clausura
de cada congreso.
El presidente de la Asociación,
Antonio Cortés
Lladó, clausuró el Congreso con un discurso
sobre la formación del cirujano en el que volvía sobre
las disposiciones legales que regulaban las especialidades
médico-quirúrgicas. Para
Cortés Lladó,
al margen de cualquier otra consideración sobre programas
y saberes, sólo podría conseguirse una instrucción adecuada
del cirujano cuando se hubiese podido conseguir una
dedicación completa full-tirne durante la época de especialización
en un régimen de internado con residencia que permitiese
al especialista pasar por los servicios de policlínica,
guardia (
urgencia) y sala de operaciones.
Era esta una vieja aspiración de los cirujanos españoles
conscientes de las limitaciones que a la formación de
especialistas originaba su dependencia económica del
ejercicio libre profesional. Ya en
1941
en su discurso de apertura de curso en la Universidad
Central el catedrático de cirugía
Laureano Olivares
había calificado a la clientela privada del mayor enemigo
del catedrático ideal de cirugía al restringir notablemente
el tiempo de dedicación a la actividad formativa de
nuevos cirujanos.
Hacia la consolidación
Cumpliendo el compromiso establecido en Zaragoza entre
el
22 y el 25 de junio de 1959 tenía
lugar en Valencia el
V Congreso Nacional de
Cirugía. El fallecimiento del catedrático
José
Gascó Pascual a quien se había encargado la
presidencia del mismo hizo recaer esta responsabilidad
en el también catedrático
Carlos Carbonell Antolí.
El congreso de Valencia fue un testimonio más de la
inquietud que la Asociación sentía ante el desarrollo
de las especialidades quirúrgicas frente a la tradicional
cirugía general. Si en Zaragoza se había hecho coincidir
el
VI Congreso con la
II Reunión
Nacional de la Asociación Española de Anestesiología
en Valencia, simultáneamente, se iniciaba el
I
Congreso Hispano-Luso de Anestesiología y un
Simposio sobre Cirugía Plástica. Como
siempre, la celebración de un congreso motivó la reunión
de la asamblea general de la
Asociación Española
de Cirujanos que eligió presidente a
Martín
Lagos y reeligió como secretario general a
Gómez Durán. La asistencia de congresistas,
700 según la reseña del acto, coincidía
casi exactamente con el número de miembros de la Asociación
que el secretario general estimaba en el informe a la
Asamblea en más de
600. Curiosamente
el
Primer Premio Nacional de Cirugía
se declaró desierto aunque la organización del Congreso
sí concedió el Premio Gascó instituido para recordar
al fallecido presidente
José Gascó Pascual.
Los días
3, 4 y 5 de octubre de 1963
tenia lugar en Barcelona el
VI Congreso Nacional
de Cirugía. La Asamblea General de la Asociación
de Cirujanos celebrada durante este congreso tomó algunas
decisiones importantes que han repercutido intensamente
en el funcionamiento y evolución de la Sociedad. A la
altura de
1963 la constitución de nuevas
especialidades quirúrgicas se hacía ya inevitable. La
creación de una red hospitalaria estatal cada vez más
amplia y dotada ofrecía a estos profesionales unas posibilidades
de trabajo más autónomas de los servicios de cirugía
general. La preocupación por evitar su marcha de la
Asociación llevó a la conveniencia de que los sucesivos
congresos mantuviesen ponencias dedicadas a temas de
interés para cirujanos generales y especialistas. Se
entendía así que de este modo sería más fácil alcanzar
la integración de las especialidades quirúrgicas en
la Asociación pues en los últimos congresos se había
hecho muy patente el aumento en el número de sus comunicaciones.
De este modo se potenciarían las secciones y los futuros
congresos serían en realidad de Cirugía General y de
Especialidades Quirúrgicas. Era, en definitiva, una
orientación similar a la que se advertía en reuniones
internacionales similares.