Guía
Clínica de la AEC: Cirugía de la Mama
PRÓLOGO

La
Asociación Española de Cirujanos me solicita
prologar esta Guía Clínica de la Cirugía
de la Mama, que forma parte de la ya importante colección
de Guías sobre aspectos con interés quirúrgico,
con las que la Asociación cumple uno de sus objetivos
fundamentales: la formación continuada de sus
miembros. No es un tópico expresar mi profunda
satisfacción por este honor pues pienso se debe
a mi ya larga dedicación a esta rama de la medicina,
defendiendo y reclamando siempre el papel importante
que debe tener la Cirugía y constatando, a veces,
el desinterés, cuando no incluso el menosprecio,
de importantes servicios y entidades quirúrgicas.
Nunca se puede generalizar, pero es importante recordar
la evolución de los conceptos y actitudes. Hasta
la década de los setenta, en España la
Patología Mamaria era mayoritariamente quirúrgica,
tanto para el diagnóstico como para el tratamiento,
y la asistencia estaba centrada en los Servicios de
Cirugía. En aquella época, y con el advenimiento
de nuevos métodos exploratorios y diagnósticos,
nuevos enfoques terapéuticos y nuevos conceptos,
que podemos resumir en el reconocimiento de la importancia
del diagnóstico precoz, aparecía como
lógica la idea de la necesidad del trabajo conjunto
de especialistas diferentes. Nace la Senología-Mastología
como estudio global e integrador de la mama normal y
patológica. Esto no pretende, como a veces se
ha dicho, crear una nueva especialidad, sino una nueva
mentalidad, que requiere un enfoque médico-quirúrgico
y la necesidad de adquisición de conocimientos
específicos compartidos con otros especialistas
y la actuación conjunta con los mismos criterios
y protocolos en las Unidades de Mama.
Si bien es verdad que quienes pusieron en marcha en
España la Senología-Mastología
(siendo el hito histórico la creación
de la Asociación Española de Senología
y Patología Mamaria en 1980) fuimos mayoritariamente
cirujanos, muchos servicios no quisieron implicarse
en una línea que, por una parte, requería
un mayor esfuerzo asistencial (al tener que montar consultas
con mujeres asintomáticas o poco sintomáticas
para detectar tumores precoces y todo el resto de la
amplia patología del seno) y por otra parte,
disminuía la actividad meramente de quirófano
(se estaba acostumbrado a que las pacientes, en vez
de “ir a buscarlas”, “llegaran”
al quirófano, donde eran operadas con gran destreza
técnica, pero tal vez sin una visión multidisciplinaria).
Pienso que hubo otras coincidencias que llevaron a la
pérdida de interés de algunos servicios
en adaptarse para seguir liderando la Patología
Mamaria: el interés despertado por otros avances
en el terreno de la cirugía, tal vez más
novedosos y espectaculares (trasplantes, fisiopatología,
nuevas técnicas hasta la eclosión de las
cirugías mínimamente invasivas, etc.)
y sin duda el creciente interés de la Ginecología,
mucho más predispuesta a adaptarse a la nueva
situación y con posibilidades de ampliar su actividad
asistencial en esta área que en muchos servicios
había sido minoritaria.
No siempre se ha comprendido bien la multidisciplinariedad
y se tiende más recientemente a crear secciones
dentro de muchas especialidades (“la mama es mía”)
que podrían lograr llegar al otro extremo del
péndulo y volver a separar la Patología
Mamaria en compartimentos estancos, endogámicos
y, por tanto, ineficientes. Esto no es así, pues
cada una de las secciones que se crea solicita siempre
el concurso de otros especialistas, y, tal vez sin quererlo,
se sitúan de nuevo en la Senología-Mastología
de la que parecían haberse desmembrado.
La legislación vigente (aunque parece aparcada
actualmente) contempla como solución la creación
de las Áreas de Capacitación Específica
que, a partir de una especialidad troncal, complete
la formación y la acredite. La Comisión
de Cirugía se opuso a la creación de un
Área de Capacitación en Patología
Mamaria dentro de Cirugía, al perder esta oportunidad,
se puso de manifiesto de una forma tangible lo dicho
anteriormente y tal vez aun más cosas.
Este amplio preámbulo me sirve para justificar
mi satisfacción. Con esta Guía (y con
la existencia previa de una Sección de Patología
de la Mama muy activa), la Asociación Española
de Cirujanos, que como Sociedad Científica que
es se rige por los principios de rigor e interés
general, se implica en el proyecto de valorar el papel
del cirujano en la Patología de la Mama.
Esta implicación pasa por la necesaria formación,
dejando la idea de que la mama “es fácil”
y aceptando la necesidad de Unidades de Mama que funcionen
realmente y en las que el cirujano capacitado estaría
llamado a tener un papel fundamental.
La Guía Clínica que ahora se presenta,
liderada por el Dr. Antonio Sierra García, uno
de los cirujanos que han participado en el desarrollo
de la Senología, tiene cinco grandes capítulos:
generalidades, semiología clínica, patología
benigna, patología maligna y aspectos técnicos.
Esto es suficiente para demostrar el interés
de la Asociación por el tema. Sin duda, se necesita
una formación más amplia y sobre todo
una constante actualización, pues en cáncer
de mama los avances son constantes, tanto que a veces
resultan difíciles de seguir para la correcta
aplicación práctica, que es lo que se
pretende con estas publicaciones.
En fin, quiero dar de nuevo las gracias por poder expresar
mi punto de vista, que sin duda no será compartido
por todos, pero que tiene su base en una larga experiencia,
felicitar a la Asociación Española de
Cirujanos por la importancia que sigue dando a la Patología
de la Mama, a pesar de los abandonos que ha habido en
otros sectores, y animarla para que, junto con otras
sociedades científicas y aquí cito a la
Española de Senología, que tiene el mérito
de ser la más antigua, intenten solucionar una
situación como es la atención de calidad
a la Patología Mamaria que, a pesar de su enorme
importancia social, sigue desarrollándose prácticamente
sin una regulación oficial en cuanto al control
de la formación y de la asistencia y donde el
cirujano debidamente capacitado tiene mucho que hacer
y la Asociación Española de Cirujanos
mucho aún que decir.
M. Prats Esteve