Hernia Inguinocrural
PREFACIO

Un
libro-tratado sobre la hernia inguinocrural que contuviera
todo el saber actual sobre el tema era la idea que me
inquietaba desde hacía tiempo. Los conceptos
clásicos estaban cambiando muy rápidamente:
la llegada y aceptación de las prótesis
en la reparación, de la laparoscopia y de muchas
técnicas americanas con nombre propio, que se
añadían a los epónimos de la complicada
región anatómica, contribuían a
crear más confusión a los cirujanos generales.
Desde siempre he tenido un especial interés por
la hernia y probablemente hayan influido en ello muchos
factores, como el descubrimiento, cuando era estudiante,
de los tratados anatómico-quirúrgicos
del siglo XIX y principios del XX en la biblioteca de
mi padre.
de las primeras intervenciones en que le ayudaba, mientras
me hablaba de los antiguos cirujanos-barberos;del descubrimiento
de Bassini; de las técnicas de Ferguson y Halsted
y del único español que da nombre a un
ligamento en la zona inguinal, Gimbernat, haciéndome
tocar el lígamentum lacunare, enseñándome
el tendón conjunto, el ligamento inguinal y cómo
explorar bien toda la región para no dejar hernias
sin resolver. la ligadura alta y resección del
saco era entonces la maniobra más importante,
además de la plastia; hoy no es así y,
por otro lado, cuando un futuro cirujano empezaba su
formación hospitalaria, la hernia, que se consideraba
como una patología menor, era la única
que los cirujanos del Servicio le dejaban operar, muchas
veces en la urgencia, con una presentación complicada,
motivo final de este interés, pues la mayoría
de las veces los residentes solo podíamos operar
estas pequeñas cosas.
Los grandes hospitales, hoy llamados terciarios o de
referencia, donde se formaban y forman los cirujanos
por el sistema MIR, en España no recibían
casi hernias inguinocrurales, ya que se ocupaban de
patologías "mayores" abdominales; de
esta manera, los cirujanos del Servicio no podían
enseñar a los más jóvenes una buena
técnica, ni tampoco había interés
en un seguimiento clínico, pues no se consideraba
importante la publicación de los casos. El resultado
era un desconocimiento real de los índices de
reproducción, muy altos en las revisiones que
se hicieron, incluida la de mi hospital durante esos
años, que llegan a la década de 1980-1990
y más adelante. Las "corrupciones' e interpretaciones
personales de la técnica clásica de Bassini,
así como las derivadas de ella, Mc Vay y, en
los últimos años, Shouldice, y quizá,
las lagunas anatómicas por la diversidad de nombres
y epónimos, fueron además los factores
que influyeron en estos malos resultados y, desde luego,
en los peores al reoperar una hernia recidivada.
Basta revisar nuestra revista Cirugía Española,
el órgano oficial de la Asociación Española
de Cirujanos (AEC), para corroborar estos datos y comprobar
que en los años setenta y ochenta no hay casi
publicaciones ni comunicaciones sobre el tema, ya que
no interesaba.
Algunos cirujanos en nuestro país comienzan a
partir de los últimos diez años a cambiar
este estado de cosas, prodigando reuniones y congresos
sobre la hernia, midiendo resultados con seguimientos
controlados, comunicándolos e interesando a muchos
más, creándose en el seno de la Asociación
Española de Cirujanos, la sección de Pared
Abdominal.
Por otro lado, la presencia más actual de Unidades
de Cirugía sin Ingreso especializadas en este
tipo de patología, así como la aceptación
general de la reparación protésica en
la hernia, inimaginable hace unos años, están
cambiando el panorama quirúrgico en este tema.
Muchos de estos cirujanos con inquietud, no todos como
hubiera sido mi deseo, han contribuido a la redacción
de este libro que espero les sea de utilidad. Desde
estas líneas mi amistad y agradecimiento personal
a todos ellos. No hubiera podido editarse sin la ayuda
de la empresa de material quirúrgico que, de
una manera aséptica, nos ha ayudado dejando al
editor y a los autores toda la libertad de elección
y de expresión. Gracias.
Quiero acabar dando las gracias a mi mujer Daniela y
a mis hijos Fernando, Alicia, Javier y Guillermo, a
los que he robado nuestro tiempo, que me han soportado
con enorme paciencia y animado para que llevara adelante
este proyecto.
A mis padres, por su ejemplo.