Hernia Inguinocrural
PRÓLOGO

Vaya
por delante mi agradecimiento al doctor D. Fernando
Carbonell Tatay por concederme el privilegio de prologar
este magnífico libro sobre "Hernia inguinocrural".
La patología quirúrgica o conjunto de
enfermedades tributarios de tratamiento quirúrgico
está en continua evolución, y prueba de
ello es que los cirujanos vemos como nuestros pacientes
van cambiando con el paso del tiempo. Desaparecen unas
(úlcera péptica gastroduodenal no complicada,
por ejemplo) cuando aparecen soluciones menos cruentas
que la cirugía (inhibidores de la bomba de protones
y erradicación del Helicobater Pyiori) y aparecen
otras (cirrosis hepática, por ejemplo) cuando
la cirugía ofrece soluciones nuevas (trasplante
hepático) a problemas que no tenían solución
con medidas conservadoras. Pues bien, en este saco abierto
que contiene las enfermedades tributarios de la cirugía,
siempre estuvieron las hernias de la pared abdominal
que ocuparon y preocuparon a los cirujanos durante muchos
siglos, desde las civilizaciones arcaicas y primitivas.
Sin embargo, hasta que los anatomistas del Renacimiento,
disecando cadáveres humanos, rompen con los esquemas
galénicos, la cirugía de las hernias abdominales
externas no tenía una base científica,
ya que se desconocía la anatomía humana.
Mas tarde, en el siglo XVIII nace la técnica
quirúrgica, como fundamentación anatómica
precisa del acto operatorio, gracias al cultivo de la
anatomía topográfica, en una época
en la que abundan los cirujanos-anatomistas. Y no será
hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando, vencidos
el dolor (anestesia), la infección (antisepsia)
y la hemorragia (hemostasis), se sientan las bases del
tratamiento quirúrgico de las hernias de la región
inguinocrural, que se mantienen, con pocos cambios sustanciales,
hasta hace unos 1 5-20 años. A lo largo del siglo
XX, especialmente en su segunda mitad, llama la atención
la escasez de publicaciones referidas a esta cirugía
y su escaso protagonismo en congresos y reuniones científicas.
Probablemente, porque se consideraba que las técnicas
al uso eran difícilmente mejorables y también
porque los líderes de opinión de la cirugía
estaban ocupados en otras tareas: desarrollo de la cirugía
cavitaria (craneal, torácica y abdominal), desarrollo
de la cirugía funcional y la cirugía experimental,
puesta a punto de la circulación extracorpórea
y del trasplante de órganos, etc. Había
mucho "territorio por conquistar" y las hernias
inguinocrurales se consideraban "territorio ocupado".
En los últimos 15-20 años, el escenario
ha cambiado de forma espectacular. Por una parte, cuando
se analiza rigurosamente el porcentaje de recidivas
herniarias a corto, medio y largo plazo, en series con
seguimiento completo, se comprueba que los resultados
pueden y deben mejorarse. Por otra parte, se producen
múltiples innovaciones con repercusión
directa en este campo: perfeccionamiento de materiales
protésicos, introducción de la cirugía
laparoscópica, mejora de las técnicas
de anestesia locorregional, aparición de la cultura
de la "eficiencia" (la solución más
eficaz al menor costo posible) con las unidades de cirugía
mayor ambulatoria (CMA) y cirugía de corta estancia,
etc. Se cuestionan los "dogmas" y asistimos
a un aumento considerable del número de publicaciones
referidas a esta patología. Son muchas las cuestiones
abiertas: prótesis ¿si o no? y en qué
casos; cirugía laparoscópica ¿si
o no? y en qué casos; hospitalización
¿si o no? y en qué casos; tipo de anestesia,
etc. Y es mucha la información que va llegando,
con frecuencia contradictoria y no siempre libre de
intereses bastardos. Ante esta situación, el
cirujano debe alejarse de dos posturas viciosas e igualmente
peligrosas: el inmovilismo, entendido como la negativa
a modificar un milímetro los esquemas que aprendió
en su periodo formativo; y el esnobismo, entendido como
la aceptación sin critica de todas las innovaciones.
En este ambiente, ciertamente confuso, el libro que
acabo de leer tiene, cuanto menos, el don de la oportunidad.
A lo largo de 34 capítulos, sus autores, todos
ellos cirujanos con especial dedicación a este
campo, condensan y exponen el conocimiento actual sobre
las distintas posibilidades terapéuticas ante
la hernia inguinocrural, con capítulos especiales
dedicados a materiales de sutura, prótesis, anestesia
local, CMA, análisis de costes y beneficios,
formación del postgrado, etc. Destaca entre ellos,
el dedicado a la historia de esta cirugía por
su rigor histórico y riqueza documental. Debe
destacarse, asimismo, la abundante iconografía
que acompaña toda la obra, por su claridad y
su riqueza artística. Si a todo lo anterior,
añadimos la pasión que el director de
la publicación, el Dr. Carbonell Tatay, ha puesto
al servicio de la obra, el resultado es un libro espléndido
que será de gran utilidad para todos los cirujanos
generales y que contribuirá indudablemente a
mejorar la calidad de vida de los pacientes afectos
de una hernia inguinocrural. Este, y no otro, es el
premio que van a recibir los autores a quienes quiero
felicitar y agradecer su esfuerzo, en nombre de todos
los cirujanos españoles
Prof. Pascual
Parrilla Paricio