
Al
margen de la
organización de Reuniones y Congresos,
Cirugía Española constituye el patrimonio
visible de la actividad de la Asociación y el medio
a través del cual busca potenciar el desarrollo de la
cirugía. Por ello ha sido tradicionalmente la atención
a la revista uno de los asuntos más debatidos por las
sucesivas directivas de la sociedad, aun cuando la fortuna
con que se ha conseguido su mayor proyección e impacto
sea diferente.
Hasta
1980 la revista fue dirigida
por
José Luis Rodríguez Mata cuyo padre
había constituido uno de los puntales históricos de
la Asociación y que se había ocupado también de esta
función en
Cirugía, Ginecología y Urología.
Hasta los años setenta uno de los problemas de la revista
fue precisamente la falta de originales, lo que motivó
reiteradas peticiones de artículos a los socios en las
Asambleas de la Asociación. Este estado de cosas trajo
como consecuencia una baja calidad científica de la
revista que fue denunciada en
1976
precisamente cuando empezó a aumentar la oferta de originales.
Para paliar esta deficiencia se constituyó un
Comité
Editorial que se responsabilizaba de examinar
los originales y remitirlos a los autores con las observaciones
que estimasen oportunas para que se procediese a su
reforma. Durante
1977 tuvieron lugar
varias reuniones de la Junta Directiva para discutir
la forma en que este comité había de cumplir su función.
En el afán por mejorar la calidad se publicaron en
enero
de 1972 las normas que en materia de publicaciones
científicas había dictado la
UNESCO
(
UNESCO/ NS/177) y en
1977
se hicieron públicas, en un
"Editorial"
que firmaba
Carbonell Antolí como presidente
del Comité Científico, las exigencias de calidad que
la publicación consideraba indispensables. Estas medidas
coincidían con el aumento en el número de socios y con
la mayor actividad publicística de los cirujanos impulsada
por las abundantes convocatorias de puestos de trabajo
asistenciales y docentes.
Desde
1950 hasta
1976
la revista fue editada por la empresa Paz Montalvo,
especializada en textos médicos, los cambios editoriales
desde entonces (
Garsi hasta 1984, Jarpyo hasta
1991, Doyma hasta la actualidad) han buscado
mejorar la calidad técnica del texto y obtener unas
condiciones económicas más favorables para la Asociación.
De
1980 a
1982 ocupó
la dirección
José Luis Barros Malvar,
su etapa se vio perturbada por la mala situación económica
de la Sociedad aunque consiguió un aumento muy importante
en la financiación por publicidad. Con él también se
impulsaron las primeras gestiones para conseguir la
inclusión de la revista en el
Index Medicus,
una obsesión de cuantos en los últimos tiempos han dirigido
la revista y aún no alcanzada.
|
HISTORIAL
DE LAS REUNIONES CELEBRADAS POR LA AEC |
 |
|
| |
| AÑO |
CONGRESO |
CUIDAD |
PRESIDENTE |
| 1957 |
I |
Bilbao |
A. Saldaña Larrainzar |
| 1961 |
II |
Sevilla |
A. Cortés Lladó |
| 1965 |
III |
Santiago de Compostela |
R. Baltar Domínguez |
| 1983 |
IV |
Granada |
I. Arcelus Imaz |
| 1985 |
V |
Elche (Alicante) |
J. Medrano Heredia |
| 1987 |
VI |
La Coruña |
M. de Juan Martín |
| 1989 |
VII |
León |
F. Higuero Moreno |
| 1991 |
VIII |
Barcelona |
J. A. Salvá Lacombe |
|
Desde
1982 a
1990
ha dirigido Cirugía Española
Enrique Moreno
González que amplió considerablemente su Consejo
Editorial y con quien la revista experimentó un cambio
formal notable. La Asamblea celebrada en
1990
nombró director de la publicación a
Alberto
Gómez Alonso, que ha continuado las diligencias
para conseguir mejorar la calidad de la revista. La
edición de unas nuevas normas de publicación y el riguroso
seguimiento de la
Convención de Vancouver
como criterio para la redacción de los artículos han
buscado conseguir una mayor homologación internacional
de los trabajos publicados. Paralelamente al crecimiento
del número de socios la revista ha experimentado un
aumento sostenido en su difusión, los
1.500
ejemplares que se imprimían en
1977
eran ya
2.000 en 1980 y ascienden a
2.500 en la actualidad (
en
julio de 1992).

Una
de las características de lo que se ha dado en llamar
"la mentalidad quirúrgica" es la despreocupación
por los aspectos más teóricos y doctrinales de la profesión.
Tradicionalmente este desinter8s ha sido muy manifiesto
en las publicaciones de cirugía y el órgano oficial
de la Asociación no ha sido ajeno a este hábito.
Cirugía,
Ginecología y Urología primero y
CIRUGÍA
ESPAÑOLA después han dedicado una mínima atención
a estos asuntos. Sólo a partir de
1982
se ha introducido de una manera sistemática la costumbre
de que cada número se abra con un editorial casi siempre
firmado. No ha sido fácil conseguir que los cirujanos
ofrezcan una síntesis de los problemas diarios de su
oficio y en las actas de las reuniones de la Junta Directiva
se leen constantes solicitudes de los directores de
la revista para el envío de artículos breves con destino
a esta sección.
En
1975 uno de los miembros de la Asociación,
el catedrático
Sebastián García Díaz,
distinguía las notas que en su opinión condicionaban
el futuro de la cirugía. De las cuatro enumeradas sólo
una, la aparición de una cirugía de reconstrucción dedicada
a trasplantes y adaptación de prótesis, podía considerarse
específicamente médica. Por el contrario, las tres restantes
no eran otra cosa que la manifestación de las discrepancias
entre el profesional y el medio donde ejercía su oficio:
tensiones entre la cirugía general y las especialidades,
un profesional anónimo y dependiente convertido en servidor
comunitario y, finalmente, divergencia entre costes
económicos y actividad sanitaria. Es conveniente contemplar
en qué medida estas previsiones han encontrado cumplimiento
en el principal vehículo de expresión de los cirujanos
españoles.
La lectura tras
10 años de mantenimiento
de estas páginas resulta, en consecuencia, muy útil
para comprender cuáles han sido los problemas que más
han inquietado a los autores, personas todas relevantes
en su profesión.
Se advierte así la existencia
de un tema recurrente discutido en la Asociación desde
su fundación: la validez y sentido de la cirugía general.
Por tradición y convicción, la Asociación ha defendido
siempre el carácter vertebrador de la cirugía general
frente a los peligros de una especialización empobrecedora
y mutilante pero se ha visto desbordada por la incesante
aparición d

e
nuevas especialidades que exigen un reconocimiento social
y un estado sanitario propios. Tampoco han faltado las
denuncias ante los ataques a lo que se podría denominar
el territorio tradicional de actuación del cirujano
general, un problema que está muy relacionado obviamente
con el anterior y que crea tensiones constantes en el
mundo asistencial.
Las reformas que en el ámbito de la sanidad se han producido
en los últimos años han creado en algunos profesionales
un malestar que se ha traslucido en varios
"Editoriales".
Se ha producido una crisis de identidad que ha colocado
en segundo lugar a los temas más relacionados con la
especialidad que algunos cirujanos siguen tratando con
insistencia casi solitaria. De manera inevitable los
"Editoriales" han comentado los cambios
en el ejercicio cotidiano originados por las reformas
sanitarias y que tan condicionados se han visto por
la repercu-sión económica de la Seguridad Social. Simultáneamente,
las ponencias oficiales de los últimos Congresos se
han dedicado también a estos asuntos que la cirugía
más tradicional hubiese considerado paramédicos. De
esta forma se advierte un deslizamiento en la atención
de esta importante sección de la revista hacia aspectos
más gremiales. Pero éste parece hoy un tributo inevitable
para una Asociación que con más de medio siglo a sus
espaldas tiene entre sus fines
"propugnar el
avance científico y prestigio social de la profesión
quirúrgica" (Art. 1, Estatutos, 1935) y "defender el
prestigio y los legítimos intereses de los cirujanos
españoles" (Art. l, Estatutos, 1986).